jueves, 26 de mayo de 2016

Tengo sed

Semejante a los hombres, vulnerable,
como nosotros, se hizo Dios humano.
De toda la creación, El Soberano,
se convirtió, en ofrenda agradable.

No se aferró Jesús, a su deidad,
sino que por nosotros se hizo hombre.
Tuvo necesidades, sueño, hambre,
se despojó de su divinidad.

A expensas del cuidado de sus padres,
creció Jesús como un niño entre todos.
También vivió de espalda a los pecados,
y en sus hombros, llevó nuestros dolores.

Tras una larga noche sin descanso,
después de haber sufrido la traición,
de haber sido golpeado sin razón,
fue acusado, como profeta falso.

El esfuerzo sobrehumano del Señor,
el peso de la cruz y los azotes,
el ver a sus discípulos ausentes,
no lograron que Jesús tenga temor.

Pero en su maltratada humanidad,
no pudo resistir la profecía.
Deshidratado, beber agua quería,
y dijo: “Tengo sed”, en su necesidad.

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