¿Quién es tu heredad?
Quiero poder decir como
David
que temprano en la
mañana adoraré,
y tu rostro en madrugada
buscaré,
que en mi dolor me
postraré ante ti.
Cuando mis pasos no van
en santidad
quiero sentir en mi
pecho un gran abismo,
una alarma que
estremezca mis oídos,
pues Cristo y solo Cristo es mi heredad.