jueves, 26 de mayo de 2016

La entrega de Jesús

La muerte de Jesús,  solo el inicio
del plan de salvación por Dios creado.
Isaías  lo habría profetizado
El ya había descrito el sacrificio

 Llevó nuestros dolores a la cruz
Y por mi rebelión fue castigado
En su cuerpo cargó nuestro pecado
Pero muerto no se quedó Jesús.

No podía la muerte contenerle
Ni el sepulcro cerrarse ante sí
Resucitó Jesús, y hoy está vivo.

Tenemos que vivir para agradarle
Pues por amor, el se entregó por ti.

Entonces, vive tu vida para Cristo.

La salvación de Cristo

La historia comenzó en el paraíso.
En el Edén se preparó la salvación.
Con el pecado llegó la perdición,
mas   previsto  estaba el  sacrificio.

De una virgen vendría el redentor
a entregarse en la cruz por mi maldad.
El Cordero fue tratado sin piedad,
pero en todo obedecía por amor

El Señor sufrió muchas crueldades.
Fue azotado, escupido y calumniado.
Sus vestidos echados a la suerte

Cual cordero  llevado al matadero,
 en obediencia no miró su voluntad

Y en silencio caminó hacia su muerte.

Hoy estarás conmigo en el paraíso


Tal como dijo Isaías
En medio de ladrones es juzgado
Y estando  él, en la cruz herido,
Uno de ellos blasfemó al Mesías
Sobre Cristo se cumplían las profecías.

Sálvate a ti mismo de esta cruz
Dice la multitud que eres Jesús
Sálvanos a nosotros por igual
Y veremos que en ti no hay nada mal
Y sabremos que sí, que eres Jesús.


Pero otro, más sensato dijo al uno
Esta condenación la merecemos
Pues es el justo pago a lo que hicimos
Pero este hombre no ha hecho mal alguno

Acuérdate de mí Jesús, si estoy a tiempo
A lo que Cristo contestó sin dilatar
Esta tarde, en casa de mi padre nos veremos

Tengo sed

Semejante a los hombres, vulnerable,
como nosotros, se hizo Dios humano.
De toda la creación, El Soberano,
se convirtió, en ofrenda agradable.

No se aferró Jesús, a su deidad,
sino que por nosotros se hizo hombre.
Tuvo necesidades, sueño, hambre,
se despojó de su divinidad.

A expensas del cuidado de sus padres,
creció Jesús como un niño entre todos.
También vivió de espalda a los pecados,
y en sus hombros, llevó nuestros dolores.

Tras una larga noche sin descanso,
después de haber sufrido la traición,
de haber sido golpeado sin razón,
fue acusado, como profeta falso.

El esfuerzo sobrehumano del Señor,
el peso de la cruz y los azotes,
el ver a sus discípulos ausentes,
no lograron que Jesús tenga temor.

Pero en su maltratada humanidad,
no pudo resistir la profecía.
Deshidratado, beber agua quería,
y dijo: “Tengo sed”, en su necesidad.